Llegaba el verano y con ello el traslado a la casa en el sur de la isla. Todos los años era igual, mis padres nunca cambiaban, ya resultaba un poco agobiante. O por lo menos eso creía yo, pero claro, no sabía lo que encontraría en este nuevo verano.
Siempre se ha dicho, que con la llegada del verano viene un nuevo amor. Amores de verano. Nunca he creído en ese tipo de amor, porque de la nada aparece y de la nada se va.
Pero, cuando me tocó vivirlo en primera persona y por primera vez, no pensé lo mismo.
La hora de enamorarse, de vivir, de reír, de conocer nuevas personas, entablar nuevas relaciones había llegado.
¡Gracias!, supongo que gracias amor de verano.
Pero… ¿Qué pasará cuando tenga que volver a la rutina? ¿Cuándo el verano acabe? ¿Cuándo ya no nos veamos más? ¿Me esperarás? ¿Vendrás a verme? ¿Cuándo, cuándo…?
Llega el amor, luego el olvido… consigo se lleva miles de momentos, momentos que no se van del todo, momentos que aún perviven en mí. En la corta e intensa historia que vivimos.
En ti, en mí, en nuestro corto y olvidado nosotros.

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