Empezaré por presentarme. Me llamo Lucía y tengo diecisiete años, vivo con mi hermano mayor, ya que mis padres murieron hace cinco años. Desde que murieron no nos hemos atrevido a ir a visitarlos al cementerio ni una sola vez, supongo que ninguno de los dos queremos recordar que ya no están con nosotros o que simplemente no hemos sido capaces de asimilar el hecho de que nosotros no sufrimos ni un solo rasguño después del accidente.
Desperté, todavía era temprano. El día comenzaba de una manera espléndida, hacía tiempo que no notaba un día tan perfecto como el de hoy. Pensé que todo iría sobre ruedas, desayuné, me duché y me preparé para un nuevo y monótono día de clases.
Cuando salí de casa, noté un aire cálido que hacía que mis ojos resplandecieran. Sonaban las aviones traspasar el cielo, desde hacía mucho tiempo el cielo no estaba tan azul, algo que me sorprendió favorablemente. Un día de primavera perfecto. Bueno, o eso pensaba hasta que mi perfectísimo día comenzó a ennegrecerse. No sé, notaba en mí una sensación rara y a la vez estúpida. En realidad, no sé de verdad qué es lo que hace que de repente mis perfectos días se conviertan en mis desperfectos días. Supongo que deben ser esos ``cambios´´ de las adolescentes, o quizás sea porque todavía no he terminado de asimilar que se ha ido.
Mi amiga Laura dice que me olvide de eso, que empiece una nueva etapa en mi vida. Pero por más que lo intente, no consigo sacarlo de mi mente.
No dejo de recordar ese consejo que siempre me dio mi madre; ``Si se fue sin ser echado, es que jamás estuvo realmente a tu lado´´.

No hay comentarios:
Publicar un comentario