El ruido de la lluvia al caer, el aleteo de la cortina al viento, el suave tacto de las sábanas recién estrenadas. La satisfacción de ver las notas después de tanto esfuerzo, la alegría de recoger todo lo sembrado con una sonrisa patente. La locura al cantar junto a tus amigas tu canción favorita. El cansancio y tedio, después de una carrera. El calor en el rostro del sol resplandeciente, el sabor intacto de la coca cola al abrirla, el sentir el viento rozar cada parte de tu cuerpo, el amor degustado por vez primera, la risa a carcajadas, el olor del campo, la sensación de la brisa del mar en tu piel, la euforia del primer baile con tu amor, las caricias, la música, las miradas, el comer tu helado favorito con las personas indicadas. El pasar tiempo sin pensar en nada en compañía de esa persona, de la persona en definitiva. El vivir cada segundo y recordar por siempre ese momento, ese detalle.
Porque son esos pequeños detalles, los que marcan nuestros mejores momentos. Porque son esos detalles, los que hacen de nuestra existencia algo maravilloso. Porque, simplemente… junto a esos pequeños detalles, soy inmensamente feliz.
Sí, tienes razón, la mayoría de los momentos de nuestras vidas, han sido momentos llenos de felicidad. Con la excepción de alguna que otra visita a la tristeza. |

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