Capítulo 4 ``Desencantada´´
Era la fiesta de cumpleaños de Leyre la chica más ``popular´´ del campus, mis amigas habían logrado convencerme para que saliera de casa. Así que, me puse lo primero que pillé y salí pitando. Llegamos, la fiesta se celebraba en una de las discotecas más prestigiosas de la ciudad. Todo pintaba como una gran noche, en un ambiente con música a tope, adolescentes bailando por todos lados…
Al fin me decidí a salir a bailar y sentir la euforia recorrer cada parte de mi cuerpo. Fue entonces cuando nos encontramos con él. Ya os imagináis a quién me refiero, ¿no?
Ahí estaba, con uno de sus mejores amigos y con una copa en la mano. Con ese aire de chulería que tanto me gustaba, con esos resplandecientes ojos azules que provocaban en mí un escalofrío y con su pelo rubio.
Mis amigas se aproximaron hacia ellos, su amigo me saludó con un guiño un tanto gracioso a lo que yo respondí con una sonrisa un poco forzada.
Lo miré, me miró. Con la misma, se abalanzó hacia mí y me dijo algo al oído de lo que nunca lograría olvidarme. Me confesó que todo lo que habíamos vivido para él no había significado nada. Que tenía mejores cosas de las que ocuparse que el estar con una chica pegado a él las casi veinticuatro horas de día. Me dijo cosas que jamás creí haber oído. Me hizo sentir una de las personas más desdichadas del planeta. Me trató como un despojo humano, arrasó como un tsunami todos mis sentimientos, destruyó por completo lo poco que quedaba de mi alma. Para, poco después desaparecer fugaz entre medio de todas las personas que se encontraban en la fiesta.
En ese momento no supe reaccionar con cordura y decirle lo que realmente pensaba de él. Todo había sucedido tan rápido que ni siquiera era lo suficientemente consciente. Deseé no haber acudido a la fiesta, deseaba el desaparecer por completo, encerrarme en una burbuja y que nadie viera lo que había quedado de mí. Pero, no quería arruinarles la noche a mis amigas. Así que, saqué fuerzas y ganas de donde no las tenía y fingí pasármelo mejor que ninguna.
Llegué a casa a eso de las cinco de la mañana, deseé con todas mis fuerzas que todo lo que había ocurrido esa noche no me afectara en absoluto. Pero de nuevo ocurría, el escudo que había puesto entre él y yo se había venido abajo. Creía que por fin lo había olvidado, pero todo era una invención creada por la desesperación que me provocaba el estar enamorada de él y que mostrara un desinterés infinito.
En ese momento aprendí a aceptar el hecho de que lo quería y que no debía intentar pintarlo con una gran mentira suscitada por el rechazo de esa persona a la que tanto llegué a querer.
La vida empezaba a cambiar, ya no era esa niña que no se enteraba de lo que pasaba a su alrededor. Ahora era casi una adulta y sentía las cosas más que nunca y, aún más siendo ese primer amor que siempre recordaría.

No hay comentarios:
Publicar un comentario