¿Recuerdas durante aquel precioso amanecer, cuando me dijiste que cuando me mirabas a los ojos podías ver el universo en ellos?
Sí, lo recuerdo perfectamente.
¿Y qué pasaría si el universo se apagara?
Cierra los ojos. ¿Puedes verme?
No.
¿Y cómo sabes que sigo aquí, a tu lado?
Puedo sentir tu presencia.
¿Nada más?
Puedo tocarte, olerte…
Y también puedes besarme. Bésame… Sabes que todo sería lo mismo, si tus ojos llegasen a apagarse el universo seguiría vivo en ti, en nosotros. No dudes nunca que estaré aquí, a tu lado, para siempre. Nada cambiaría mi visión hacia ti.
¿Sabes una cosa? Si mis ojos no pudieran volver a abrirse, quiero tú seas lo último que lleguen a ver.
Si no pudiera volver a ver tus ojos, miraría al cielo, vería el universo y en él estaría el reflejo de tus ojos.
Y de pronto una luz negra apagó su mirada. Has sido lo último que han podido ver mis ojos- dijo ella derramando una lágrima en forma de cristal.
[…]
Y el universo se engrandeció una vez más, estando bajo la luz de tus ojos la gravedad se puede olvidar.

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