Y nada, sólo me limité a decirle lo que salía de mi corazón en ese preciso instante. Siempre he sentido que no tendría valor para decirlo, pero fui lo suficientemente valiente en ese momento.
¿Qué le dijiste?
Bueno… primero le dejé claro, que ni se le ocurriera huir de mí, porque estaba completamente decidida a decirle toda la verdad.
¿Y...?
Pues eso… le dije que desde hacía muchísimo tiempo no dejaba de pensar en él. Que el tiempo para nosotros había llegado y deberíamos aprovecharlo al máximo, que sin él todo perdía el poco sentido que tienen las cosas, que lo quiero por encima de todos los peros, que cada imperfección es la perfección de su persona, que realmente no sabía si era las palabras exactas las que salían de mi boca para expresar tantas emociones, que los hechos llegarían después de mis palabras y que lo esperaría todo el tiempo del mundo. Que los capítulos que estaban escritos para nuestra historia eran los más emocionantes, que nuestros días serían perfectas aventuras llenas de locura, amor, alegría, risas, miradas, caricias… Que los días grises se convertirían en días llenos de color estando a su lado. Que la lluvia sería nuestra musa de la locura. Que el amor que desprendiéramos sería más grande que el propio universo y, sobretodo, que lo quería más de lo que podía llegar a imaginarse…
¿Le dijiste eso?
No, pero lo pensé en el mismo momento en el que pasó por mi lado de la mano de su novia.
El tiempo es demasiado lento para aquellos que esperan... demasiado rápido para aquellos que temen.... demasiado largo para aquellos que sufren.... demasiado corto para aquellos que celebran... pero para aquellos que aman, el tiempo nunca termina, el tiempo supera cualquier barrera... el tiempo es solamente una adición al estado de ánimo.

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