No es cuestión de entender el porqué de tu partida, es cuestión de saber aceptarlo, es hora de progresar. No hay razones para entenderlo, no hay motivos para saberlo. No hay momentos para crear, no hay recuerdos que añorar.
Imagina el momento en el que nuevamente nuestras vidas se crucen. ¿Sabrías qué hacer, qué decir, pensarías en el pasado…? La respuesta es, no. Un no rotundo, ninguno de los dos sabríamos qué hacer, qué decir… quedaríamos totalmente paralizados. Habrían dos simples opciones, o me voy yo, o te vas tú. Supongo que fuimos uno de esos, sí esos que vienen y van…
Si nos hacemos tanto mal, mejor que quedemos en el olvido. Mejor que quedes en mi olvido. Quizás lo mereciéramos, quizás fuera el destino. Quizás ya estaba escrito para nosotros, pero… si hay algo de lo que estoy totalmente segura es que, parte de mí se quedó en esa parte de ti que dejaste olvidada en algún rincón de tu desordenada moral.
Se acabó, por fin llegó ese final del cuento que tantos problemas se lleva consigo.
Muchas veces prestamos demasiada atención a momentos y situaciones que no la requieren.
Y... ésta es una de ellas.