Y llegas. Y reflexionas. Y te das cuenta. Y reaccionas.
Despiertas. Te das cuenta de lo importante, de lo real, de lo que cuenta, de lo
que te importa, de lo que te sucede. Experimentas sensaciones interiores,
recapacitas y pones en marcha una nueva etapa; de repente se enciende esa
lucecita parpadeante que te indica que de nuevo comienzas a hacer las cosas
bien, que has madurado, que ves la cosas de otra manera completamente diferente
a cuando eras pequeño. Que las risas ahora son menos, pero que cuando llegan te
hacen sentir más viva que nunca, que los llantos han quedado reservados para
los momentos más trágicos de tu vida. Aprendes que el ahora cuenta más que todo
lo pasado y que si en este momento no disfrutas de todo lo que posees no
lograrás nada de lo que te propones. Que perseguir un sueño no es cosa de soñadores
y que si no luchas tu felicidad está perdida.
Perseguir nuestras metas no es de ilusos, iluso es aquel que
no persigue lo que quiere por temor a no llegar a realizarlo.


