Y cada estrella plasmada en la cerrada noche significó cada
segundo transcurrido, y cada parpadeo no era más que una mirada llena de
silencio necesario. Una palabra en el momento preciso, una caricia que dejaba
claro todo lo que en ese momento pasaba por sus mentes y un acto que no dejaba
lugar a dudas de que ambos creían realmente en ese momento.
El ansia de la juventud, no hay nadie en el mundo más frágil
que ellos. Desatan bajo la noche la más lujuriosa sonrisa y fusionan sobre la
hierba dos cuerpos casi inertes por la tensión del momento. Tensión a la par que molesta, deseada.